Los dueños de la calle

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Cuando cae la noche, las calles se convierten en un lienzo para los artistas del grafiti, que salen a la calle armados con sus aerosoles, escondiendo sus caras y esperando hasta que los trenes de Bruselas se convierten en un objetivo fácil. Por la mañana, esos trenes serán piezas del gran museo de arte urbano que es la ciudad. El grafiti está siempre pisando la fina línea entre vandalismo y auto-expresión. Es pura controversia.

 

 

Competición y respeto: las bases del grafiti

“Haz lo que sientas, respeta las calles y no cruces la línea a menos que lo que vayas a hacer sea mejor”, cuenta el escritor alemán conocido como Spot, miembro de la banda RMC, cuando habla de su propia ideología respecto al grafiti. Para él, escribir en las paredes o en cualquier otro sitio es la manera de hacer la vida más dulce y de pertenecer al ambiente social que le rodea. Con su grafiti él busca cualquier tipo de reconocimiento, sin importar si la gente apoya lo que hace o no. “Sólo necesito sentir que soy alguien” explica Spot.

En los primeros pasos del grafiti como arte urbano, las bandas se convirtieron en el principal elemento en la lucha por ser los mejores. El espíritu de competición era lo que contaba, convirtiéndose en el leitmotiv del movimiento grafitero, además de otro elemento importante de la contracultura: el respeto. Las bandas comienzan a tomar posesión de las paredes y a usarlas para demostrar su capacidad como artistas. Para convertirse en los ‘dueños’ de la ciudad, alcanzar la ‘obra maestra’ ideal y formar un grupo con el que compartir firma es imprescindible.

Sin embargo, las bandas no son tan duras en Bruselas como en Nueva York, cuna de la cultura grafitera. Camuflado bajo su eterna gorra Lindien (SAS Crew), que también vive en Bruselas, dice que aquí las bandas no son un problema, aunque siempre hay grupos buscando problemas con los demás. La leyenda de la Guerra de Estilos no es tan evidente en Bruselas, a pesar del hecho de que existe un complejo grupo de escritores con diferentes estilos y formas de trabajar.

La calle entra en el museo

En 2007 el Gobierno de la ciudad y algunos patrocinadores sufragaron los gastos en una competición que haría historia: más de 60 grafiteros trabajando a la vez en más de 3000 m2. Los trabajos los coordinó la organización creada por Gaëtan Tarantino, que previamente había evitado un año en la cárcel y pagar cientos de francos belgas gracias al perdón real después de ser pillado haciendo grafiti ilegal.

Lindien también hace grafiti legal, tras darse cuenta de que es estúpido arriesgarse a pagar tanto dinero por firmar en la calle. Ahora él prefiere expresarse en lugares donde está permitido, e incluso trabajar por dinero. Él cree que si lo que quieres hacer es algo grande y lleno de color, es mejor hacerlo sin estrés.

El éxito de Bansky es también uno de los más sonados. Nadie conoce su nombre, pero después de haber pintado cientos de paredes con proclamas irónicas sobre nuestra situación social, política y económica en media Europa, es uno de los artistas más ricos de todo el mundo. Sus trabajos se exponen en museos y se venden en galerías, y precisamente por ello está recibiendo tantas críticas: ¿el vandalismo se puede vender? Eso parece, aunque resulte paradójico, porque no es sólo vandalismo, también es arte. Y como Bansky dijo una vez: “Hay cuatro necesidades humanas básicas: comer, dormir, el sexo y la venganza”

(Publicado @ The Erasmus Times, enero de 2011)

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