Demasiados viajes

Esta tarde me he perdido por Madrid en busca de un libro al parecer descatalogado y, quién sabe si por casualidad o por la brújula del subconsciente, he terminando en De Viaje, una de las librerías más apasionantes que tiene Madrid. ¿El porqué? Está enteramente dedicada al M-U-N-D-O con todas sus letras, y de sus estanterías asoman guías de todos los países y literatura que se refiere a ellos, no sólo en español, sino también con algún que otro guiño al inglés y al francés. ¿Sabes cuando la cabeza te da vueltas de tanta emoción, que no sabes ni por un momento dónde fijar la vista, qué pasillo tomar, cómo lograr recuperar la concentración y dirigirte a por un objetivo concreto? Sigo así, y hace horas que me marché.

En primer lugar quería informarme sobre los Balcanes: las guías de viaje en papel (y en Internet) que se refieren a las regiones de lo que fue en su tiempo la antigua Yugoslavia (Bosnia y Herzegovina, Serbia, Croacia, Macedonia, Montenegro y Eslovenia) dejan mucho que desear, no ya por la calidad de sus contenidos, sino porque apenas Lonely Planet le ha dedicado una guía común a todos estos países (exceptuando Croacia, que ya es un país turístico oficial) que es bastante liviana. Una de las ideas para este verano incierto (una de miles, todo hay que decirlo, creo que tengo un Máster en mundo de tanto investigar) era marcharme por allí, sin ruta fija, y dejarme llevar. Quién sabe. Todo ese aroma a post-comunismo me vuelve loca.

Pero después de toparme con las guías de muchos otros países he caído en la cuenta de que en realidad quiero estar en todas partes y en ninguna: que donde los aviones son caros me lo ahorro en comida, sí, que si soy una chica sola tanto tiempo por ahí, desprotegida, que si con qué dinero, que a qué voy y a qué vengo, que si África aún no se puede conquistar en solitario a no ser el Norte (y ni eso con todas los problemas de Libia, con las elecciones en Argelia en menos de un mes…), que si en Argentina es invierno y para qué irme corriendo de un invierno a otro… Todas las opciones tienen muchos pros, muchas contras, y toda despiertan en mí un interés casi obsesivo.

Por eso he decidido pasarme a la vía profesional (que en mi caso se llama el “comodín del público”) y preguntar directamente a uno de los Lords de De Viaje. Me consta que son gente viajada y que tiene absoluta pasión por su trabajo, aunque sea el simple hecho de recomendar y vender libros de viaje (me ofrezco voluntaria). El Lord en cuestión, a mi flecha “Dime un país para perderme”, me ha lanzado una mirada sagaz y ha respondido “Depende de para qué” Le he explicado mis intenciones. Me ha visto la cara de vagabunda y me ha soltado: “Sudeste, sudeste”. “Pero ya he estado”. “Pero es muy grande”, respondió. También ha mencionado brevemente los encantos de Guatemala, y ha tirado por tierra mi idea balcánica (se queda en el tintero para la próxima). Me encanta la gente que te habla de otro país como de la calle de al lado, como ese profesor que al hablarte de las carreteras de Colombia te decía “ygiréallíaladerechaenlaesquinaconloguaquiguaquichipúmyderepenteuncolombianomeapuntóconsurifleyparaquéqueremosmás”, todo a esa velocidad inaudita y sin quitarse el pinganillo de la radio de los oídos para no perderse ni un minuto de la historia y sorbiendo café con el instinto amenazador de un lince.

Pues este hombrecillo canoso era así: me decía de Guatemala que saliera de los paseos más convencionales y girase hacia el norte, y me metiera en la selva y la montaña (no sé en qué Guatemala ha estado él pero me consta que no es un país para recorrer sin preocuparse de nada) y soltaba nombres y más nombres de ciudades y esplendorosas ruinas perdidas a las que solo se accede por vía fluvial, con una emoción y unas ganas de contarlo infinitas.

He salido de allí sobrevolando la calle Serrano y con la nítida idea de cambiar (otra vez) mis planes para este verano. Quizá Sudeste, ¿por qué no? Aunque después de la decepción tailandesa creo que tengo que darle otra oportunidad. Y tengo un plus: compañía y de la buena en Filipinas.

Atardecer en Thai. Mosquitos bzz bzz. 

Vosotros, ¿qué opináis? ¿Alguna sugerencia de última hora antes que empiece a re-vacunarme de nuevo?

Inshallah  la inspiración llegue pronto.

Emocionada. Este libro fue el inicio de todo. 

Y para terminar bien el día…un fragmento de la película Adieu Philipinne, de Jacques Rozier.

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Categorías: Reflexiones viajeras | Etiquetas: , , , , , , , , | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Demasiados viajes

  1. ¡Hola, Marna! Tienes una nominación al premio Liebster en nuestro blog….http://laseddelviajero.wordpress.com/2012/04/18/los-premios-liebster-blog/
    Enhorabuena!!!

  2. Hola! Si te interesa post-comunismo, porque no vienes a visitar países Bálticos? Lituania-Letonia-Estonia? 🙂

    • Guau!Otro viaje que me dejo para otra ocasión! Este año me apetece calor calor calor!!! Cuando sea toda una experta en la materia partiré hacia el norte y no sé dónde acabaré… 🙂 Gracias por la propuesta! SAludo!! 🙂

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